Jueves, 21 Abril 2016 00:00

“Los mineros son víctimas porque el Estado ha sido blando para combatir las acciones ilegales”

 
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El investigador de la UNEG, Sergio Milano, sostiene que el minero termina tan pobre como siempre ha vivido pues al final el que llega de afuera termina llevándose las riquezas El investigador de la UNEG, Sergio Milano, sostiene que el minero termina tan pobre como siempre ha vivido pues al final el que llega de afuera termina llevándose las riquezas Foto William Urdaneta

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Perfil curricular

  Antropólogo

√ Profesor titular

√ Investigador y coordinador del Centro de Investigaciones en Gestión

√ Ambiental y Desarrollo Sustentable (Cigads) de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG)

√ Vicepresidente ejecutivo, por Venezuela, del Instituto Internacional de Investigación en Sociedad, Ambiente y Salud Ocupacional (Iisaso)

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Descartar por años la pequeña minería como una alternativa económica y, en su lugar, intentar reubicar a los mineros en otra actividad o desalojarlos sin considerar las variables culturales ha sido el principal error del Gobierno en las políticas de control minero, a juicio del investigador y antropólogo, Sergio Milano.

Es la pequeña minería, que en la actualidad luce desbordada y sin vigilancia e invadida por grupos armados que asumen el control de la explotación, la principal motivación en la carrera de este docente de la UNEG.

La estrategia equívoca ha ido en contra de la cultura minera, asegura. Ha sido blanda en el freno a la expansión de las bandas criminales y otros factores que han vuelto al verdadero minero una víctima y ha fallado al compromiso, uno de los pilares que junto al poder y el conocimiento considera indispensables en la política gubernamental, apunta.

En el libro La realidad de la minería ilegal en países amazónicos (2014), en el cual el investigador redactó el capítulo Venezuela, describe al minero como una persona solidaria, un aventurero seminómada, explorador nato, con buen sentido del compañerismo, de personalidad ingenua pero firme. ¿Se mantienen esas características? ¿Cuánto puede haber variado la cultura minera con la irrupción de bandas criminales que originaron hechos como la masacre de Tumeremo? Son algunas de las interrogantes respondidas por Milano a continuación:

- ¿Cómo se caracteriza el minero del estado Bolívar?

- La explotación de oro al sur de Bolívar, iniciada en 1824 aproximadamente, nunca ha cesado, ha tenido variantes, subidas y bajadas de intensidad, pero nunca ha cesado. Ese proceso de 160 años o más es tiempo suficiente como para crear una cultura minera, que es una manera de ser y de pensar de la gente que dedica su vida a esta explotación de generación tras generación.

El minero en Guayana y es válido para la minería de diamante, le otorga personalidad al mineral. Es decir, que el mineral toma decisiones muy por encima del minero. Bajo este concepto, el minero no consigue el oro; el oro consigue al minero. El oro se le aparece al minero; el mineral es considerado como del diablo y para que aparezca hay que hacer cosas del diablo. Las cosas que son de Dios hacen que el oro no aparezca. Pero hay toda una dicotomía, el egoísmo y la ambición en la búsqueda hacen que el oro desaparezca pero gastar el dinero en el hogar, en ropa, en educación de los niños, en ahorro, esas cosas son de Dios, por lo tanto el oro desaparece; pero el altruismo, dar sin esperar nada a cambio, la acción de cooperación entre los mineros que parecen cosas de Dios, hacen que el oro aparezca. Ellos creen que eso es así y actúan así. Son paradigmas instalados.

- Considerando la violencia que se ha instalado en las minas y la anarquía desde hace años, ¿ese minero tradicional, con esa concepción del mineral, sigue existiendo?

     
  “Los mineros son víctimas porque el Estado ha sido muy blando, ha tenido lenidad con eso y allí tiene que ser duro, estricto, para combatir las acciones ilegales, y no solo eso, sino el tráfico de combustible, el contrabando de extracción de oro, el tráfico de bebidas alcohólicas, todos son hechos delictivos”.  
     

- Esos mineros existen todavía, pero el minero se mueve dentro de una espiral de cosas, es una fuerza que atrae a otros elementos. Son factores no mineros, acciones y personas. Es gente que se acerca en la búsqueda de riqueza material, contrario al minero que no tiene sentido de la acumulación propia de la economía capitalista. Ellos viven al día, por eso regalan. Si en un día han tenido suerte y consiguen mineral, lo reparten entre sus pares. Mientras que el que se acerca, ya sea personas que se suman a la minería que no son mineros sino que llegan atraídos por la riqueza y son expulsados de otras regiones por problemas de crisis económica como la actual; los ayudantes, el inversionista que va a invertir en aparatos, equipos, a montar tiendas, prostíbulos, bares; los que van con fines delictivos; los funcionarios del Gobierno, de las Fuerzas Armadas, conforman un conglomerado que gira alrededor del oro y esa gente tiene otra mentalidad, otra formación, otras intenciones. En los picos de crisis económica aumenta la población minera.

Entonces, ese minero tradicional, del que te estoy hablando, resulta una víctima de manejos y manipulaciones de esos otros factores. Él termina tan pobre como siempre ha vivido y al final el que llega de afuera termina llevándose las riquezas.

- ¿Ha cambiado esa cultura minera por todos estos factores que se han involucrado en la minería por ambición y por crisis económica?

- Los elementos culturales no cambian ni siquiera en una generación. La cultura responde a un proceso evolutivo social y se necesitan muchas generaciones para que se vaya transformando, inclusive, siempre quedan vestigios. Ahora, existen elementos que están incidiendo y que hacen que el escenario aparezca alterado y eso no está pasando ahorita nada más. Cada vez que Venezuela entra en crisis económica, hay una población que migra hacia allá y hay otra población que está yendo permanentemente, una vez al año, y regresan al año siguiente.

La violencia siempre ha estado ligada a este tipo de actividad, aunque nunca a los niveles a los que se llegó ahora. Ahorita se desborda porque entran elementos extraños como delincuentes, mafias, bandas criminales, que no son bandas de mineros, los mineros son víctimas porque el Estado ha sido muy blando, ha tenido lenidad con eso y allí tiene que ser duro, estricto, para combatir las acciones ilegales, y no solo eso, sino el tráfico de combustible, el contrabando de extracción de oro, el tráfico de bebidas alcohólicas, todos son hechos delictivos.

- En el capítulo Venezuela del libro La Realidad de la minería ilegal en países amazónicos, usted habla de que el minero trabaja en compañías, pero ahora se habla de sindicatos armados controlando la explotación.

- Últimamente han surgido estas mafias por controlar territorios. El minero sigue explotando, pero paga una vacuna por explotar en un sector. Antes no le pagaba vacuna a nadie. Ese cobro de vacuna es un hecho que se produce en las fronteras de su acción, él explota su oro de manera tradicional. Algunos se suman a pequeñas empresas chupadoras para destruir los taludes, pero él está actuando dentro de su marco de referencia porque siempre la interferencia externa ha existido.

El Gobierno ha fallado porque ha permitido que se creen bandas y mafias, porque eso se viene diciendo desde hace mucho tiempo, pero el Gobierno no ha reaccionado. Reacciona ahora que sucede un hecho grave como el de Tumeremo, pero pudieron haberse evitado esos 17 muertos. 

- Si se evalúan los planes que ha implementado el Gobierno contra la minería, ¿qué ha fallado?

- La gestión se sustenta sobre tres pilares fundamentales, no excluyentes. Son compromiso, conocimiento y poder. El compromiso es la responsabilidad del funcionario de cumplir con lo que manda la ley; el poder son los recursos para actuar, el Gobierno tiene el poder; y el conocimiento. Si tienes poder y el compromiso, pero no tienes conocimiento, todo lo demás queda en buenas intenciones. Y si tienes los recursos y el conocimiento, pero eres corrupto, tampoco vas a lograr nada, voy a entrar en ligazón con el delincuente y te conviertes en uno más y no cumples con el objetivo.

¿Qué ha pasado entonces? El Gobierno cuando ha tomado las decisiones, en alguno de los tres falla; la falla más intensa es en el conocimiento y la segunda falla es en el compromiso, hay funcionarios corruptos. Desgraciadamente ha sido tradición que el desarrollo marche de espaldas al conocimiento. 

- Algunos de estos planes hablan de llevar mejoras sociales, otras de llevar a los mineros a una nueva actividad productiva, otras de desalojarlos, pero realmente ¿qué es lo que hay que hacer? ¿Es posible desalojar a lospequeños mineros? ¿Es eso lo que se debe hacer?

     
  “Para el minero, la naturaleza es percibida como una fuente de recursos. No tienen la percepción que tiene el resto de la sociedad en cuanto a la conservación; el uso racional no es considerado; no es el mismo concepto del indígena que aprende a vivir con la naturaleza para que esos recursos no se agoten”.  
     

- El gran error es que los Gobiernos han equivocado la estrategia. Cuando quieres cambiar la vida del minero, llevarlo a otras áreas productivas o transformarlo en un operador turístico, en el fondo lo que estás es tratando de eliminar la pequeña minería. Allí está el error. Ese es un elemento cultural, es como que te digan que hay que suprimir la harina de trigo y preparar el pan con harina de yuca, hay un choque cultural, aunque sea sabroso. Si se obvia la parte cultural, se debilita todo lo demás, así haya buena intención, un pensamiento altruista, pero no. El hombre es lo que es.

El error ha sido no considerar al pequeño minero como una alternativa. A partir de 2011 con la nueva búsqueda de solución se especificó un área territorial al este del estado Bolívar como áreas de explotación, eso está bien. La pequeña minería tiene vida, pero eso debe estar dirigido por funcionarios con conocimiento, compromiso y poder. 

- ¿Cómo se logra eso en un momento en el que se acusa a los funcionarios militares de estar involucrados en la extracción minera?

- Allí viene el gran problema. Tiene que haber compromiso, control y supervisión. Ningún funcionario puede permanecer largo tiempo en esa zona, ese sería un mecanismo, porque el hombre va entrando en confianza con las diferentes instancias que allí se desarrollan y termina siendo subsumido por el medio. El militar es un funcionario igual, no es que tiene un casco de acero para que no le penetre nada; es una persona, tiene sus necesidades, fortalezas y debilidades. Es una persona normal influenciada por el medio. Tiene un componente en su formación que lo hace menos ‘corrompible’, pero es ‘corrompible’ también. 

- Entonces, controlada, coordinada y con áreas definidas, ¿la pequeña minería puede ser una fuente de ingresos para el país?

- Perfectamente puede ser, con pequeñas empresas, bien sectorizado, equipados. El Gobierno puede invertir en esas pequeñas empresas y las empresas tienen el compromiso de devolver el préstamo al Gobierno. El Gobierno puede comprar el oro basado en los precios internacionales, con una baja por la contaminación. La actividad de la pequeña minería no es refractaria de la actividad de la gran minería, pueden coexistir, pero eso de agarrar un minero y llevarlo de empleado en otra industria no va a funcionar. El día que estalle una bulla, simplemente se quita la braga y se va a la bulla.

- ¿Quiénes son los inversionistas detrás de los mineros?

- El inversionista es cualquier, puede ser un militar, la mayoría son civiles empresarios. 

     
 

Sobre el Arco Minero Orinoco 

El antropólogo sostuvo que el Arco Minero sería una “buena oportunidad” para explorar, certificar y explotar los minerales “dentro de un plan ordenado”, pero advierte que para realizar esas actividades deben considerarse varios aspectos sociales y ambientales.

“Yo como antropólogo quiero ver los estudios de impacto ambiental y sociocultural de acuerdo al mandato de la Constitución. Si no hay los estudios, el trabajo tiene base de inconstitucional porque tiene que cumplir los extremos de ley (…) en esas zonas hay poblaciones indígenas, bosques y el recurso hídrico que se verían afectados si no se hace bien. Hay un temor porque como hasta ahora no se ha pegado una en ese sector, el temor es que ahora tampoco se pegue y que sea una torta más y mayor porque irían a intensificar los daños, pero se puede hacer porque hay conocimiento. Hay que ligar conocimiento con desarrollo y compromiso”, recalcó. 

- ¿Qué impacto puede tener este proceso en las comunidades indígenas?

- El país no puede dejar de avanzar, soy antropólogo y tengo sensibilidad por las comunidades indígenas. Ellos tienen su territorio, allí no debe haber minería. Su territorio se podría calificar como medio ambiente efectivo, eso se respeta y se delimita con los mismos indígenas (…) la Ley puede prohibir la explotación en determinadas áreas y vigilar que eso se cumpla.

 
     

 

 

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